Me gusta la Navidad

Me gusta la Navidad

 

Sólo me aburre el postureo de todos los que dicen ‘odio la Navidad’ mientras llenan el carro de la compra de dulces, pagan una pasta por el besugo o cordero de turno, iluminan sus casas con bombillas de colores y organizan comidas, cenas y fiestas varias.

No soporto el invierno, el frío, la falta de luz. Creo que ya lo he dicho en alguna ocasión, pero es que es superior a mí. Con el final del verano y principios de septiembre, conforme se acortan los días y baja la temperatura, mi pecho se encoge reduciéndose mi capacidad de respirar, poco a poco; al igual que las noches, crece la angustia, aumenta la tristeza. La oscuridad externa se prolonga en mi interior.

Me sucede desde que recuerdo. Y esa tristeza, esa angustia, esas ganas de llorar y querer  que todo acabe, alcanza su plenitud en Navidad, probablemente el día 24, la noche más larga del año, no la más fría, pero sí la más oscura. Como digo es desde niña, me recuerdo esa noche aguantando el temporal, intentando no llorar, con las lágrimas contenidas, liberándolas a ratos, a solas, a oscuras.

Era algo físico, no era porque se “hubieran muerto seres queridos, por esto o aquello, porque no estaban las cosas para fiestas..”. Tampoco creo que tuviera nada que ver las historias que nos contaban en el cole (‘nació para salvarnos, para purgar nuestros pecados, se sacrificó por nosotros’… No, creo que a pesar de esa educación ‘represora’ no era eso lo que me agobiaba) era porque sí, o porque no, era así, sin más.

 

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Creo que es hereditario (sin ningún dato científico por supuesto) pues mi padre también hacía un esfuerzo esos días por ‘vivir’, lo sé, y algún miembro más de mi familia. En mi caso concreto empezaba a diluirse en Navidad, sí, como suena, el 25 ya notaba algo de aire. Y el día de Reyes era feliz, me encantaba, por los juguetes, por los regalos, por la alegría… Y si ya hacía sol era como empezar a vivir, lo notaba lo sentía, las cosas merecían la pena. Cuando empezaba el instituto, en torno al 8-10 de enero, depende como cayeran las fiestas, después de casi un mes sin clase, ¡entraba de día! (estudiaba nocturno, las clases empezaban a las 6 de la tarde), era el colmo de la felicidad, la vida tenía sentido. Así, sin motivo, igual que me había ido hundiendo poco a poco, de repente empezaba poco a poco también, a encontrarme mejor. No sé si soy ciclotímica, o simplemente inestable.

Lo cuento en pasado porque, aunque me sigue pasando, hace ya mucho tiempo que decidí que no, que no iba a permitir que el cambio de estación dominara mi vida. Así que hago como que no me entero y cojo el bolso y los tacones y ando de acá para allá, y haciendo malabarismos para disfrutar de la vida, aunque sea si luz, porque sé que merece la pena, porque sé que es igual de bonita en invierno que en verano, y que disfrutar de la familia es un placer, y la cocina, y las compras, y las fiestas.

Porque sí. ¿Por qué tenemos que reunirnos en Nochebuena? ¿Y por qué no? Igual que, yo en concreto, me reúno con mis seres queridos el 20 de enero, en febrero, 19 de marzo, el 23 de abril, en mayo, el 20 de junio, en julio, el 31 de agosto… Me gusta estar con ellos todo el año. Y el 24 de diciembre, con poca luz, también.

No me gasto en regalos más dinero del que puedo, en invierno y en verano. Me gustan los detalles, pero no por lo que cuestan sino por lo que valen, y sé que somos muchos los que sabemos apreciar, un beso, un te quiero en un papel o una bufanda hecha a mano.

 

 

¿Y la cena? Siempre acorde a mi presupuesto, bien presentada, eso sí. Mi mejor mantel, mis mejores copas, un bonito centro de mesa… Igual que siempre que tengo invitados, o cuando celebro una cena romántica con mi chico (con el que llevo más de 20 años), o cuando encuentro una lubina salvaje en la pescadería y decido que ‘hoy es hoy’ o…

Sí queridos, en Belleza eres tú queda formalmente inaugurada la Navidad, y vamos a disfrutarla, y vamos a dejar de pensar que lo más ‘in’ es decir ‘odio la navidad, a mí es que estas fechas…’ porque, no nos engañemos, nadie nos obliga ni a comprar, ni a gastar, ni a reunirnos… Yo conozco mucha gente que no lo hace, y que pasa estos días ‘sin pena ni gloria’ como diría mi madre. Porque se puede, como comprar sardinas, que están buenísimas.

Y ese postureo (formas de comportamiento y de pose, más por imagen o por las apariencias que por una verdadera motivación), puede llegar a molestar a gente que, sin decirlo, de verdad, odia estos días, más por motivos ajenos a ella (como mi ¿fobia? a la falta de luz) que por ‘recordar a quienes ya no están’, sobre todo teniendo en cuenta que muchos tampoco estaban en verano, y bien que nos reíamos hasta la tantas de la mañana de fiesta en fiesta.

Sé que este post de felicitación navideña puede resultar un poco raro, pero es sincero.

 

¡Feliz Navidad!

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