La temperatura ideal para dormir en pareja

La temperatura ideal para dormir en pareja

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una pareja durmiendo

Ya hace calor ¿o no? Uno quiere quitar el edredón y el otro se niega. Uno abre la ventana y el otro la cierra.  ¿No hay manera de ponerse de acuerdo en la cama? ¿Por qué es tan difícil dormir juntos?

Mantener la habitación un poco más fresca es lo mejor, pero sin que llegue a estar demasiado fría, esa es la conclusión más lógica a la que hemos llegado después de preguntar a algunos expertos cuál es la temperatura ideal para dormir acompañado, y por qué ninguna pareja tiene el mismo termómetro a la hora de meterse en la cama.

 

Negociando grados

Según un estudio publicado en Wall Street Journal, dormir acompañado genera automáticamente un sentimiento de protección y seguridad. Además de aumentar la oxitocina (hormona del amor) que baja los niveles de ansiedad y permite descansar más plácidamente porque es producida en la misma parte del cerebro que se encarga del ciclo del sueño.

Wendy Troxel, psiquiatra del Instituto de la Medicina del Sueño de la Universidad de Pittsburg (Estados Unidos), explica que aunque dormimos más profundamente si lo hacemos solos, preferimos compartir la cama con alguien, lo que sugiere una necesidad humana fundamental de apegarnos durante la noche.

Dormir juntos en armonía (ponerse de acuerdo sobre la temperatura ambiental y hora de dormir) requiere tanto compromiso como otras negociaciones que hace una pareja sobre otros asuntos. Dormir con la pareja es un logro de coordinación que tiene muchas dimensiones.

La temperatura óptima para un correcto descanso debe estar entre los 15ºC y los 18ºC. Es decir, tirando a fría pero no pasa nada si apostamos por entre 17 ºC y 20 ºC. Se supone que este es el rango de temperaturas correctas, pero eso no quiere decir que satisfaga por igual a todos los miembros de una pareja y esos 5 grados de margen pueden crear auténticos conflictos de cama.

Una pareja durmiendo vistas desde arriba

Ketut Subiyanto

La importancia de un descanso reparador

La temperatura corporal está influenciada por muchas variables distintas como la alimentación, las emociones, el nivel de estrés, el género, la tendencia a la sudoración, la edad, el clima, si se hace ejercicio físico, el alcohol, etc”, comenta Marián Ponte, psicóloga y sexóloga. Los cambios de sensaciones de frío a calor pueden producirnos un sueño menos profundo y una sensación subjetiva (y objetivable) por la mañana de un mal descanso.

Con la alteración de la percepción térmica, existe una disminución de la producción nocturna de melatonina, lo que contribuye a la mala calidad del sueño. Y esto, el pasar frío o calor mientras dormimos, y las nefeastas consecuencias que tiene para nuestra salud, hace que muchas parejas se pasen la vida haciendo la guerra: abriendo la ventana cuando uno de los dos está dormido o cambiando el termostato del aire acondicionado sin avisar. Lo que no sólo hará que los dos durmáis peor; además, generará problemas en la relación.

 

Quedarse en tablas

Lo mejor que podéis hacer es acordar una temperatura, a medio camino entre vuestras dos preferencias, y adaptarse a ella cada uno a su manera: la persona más friolera puede abrigarse más y la que tiene calor renunciar al pijama. Comprar una cama más grande también puede ser una opción. Mayor espacio, y así la persona más calurosa puede alejarse y evitar el calor que desprende el otro.

Aunque es posible que esto influya en la relación; una investigación llevada a cabo por el psicólogo y profesor de la Universidad de Hertfordshire, Richard Wiseman, en la que colaboraron 1.000 personas, remarca que las parejas que duermen a menos de 2,5 cm son más felices que las que lo hacen a más de 75 cm.

Es importante respetar lo que a cada uno le hace sentir mejor porque las funciones del sueño son importantísimas para nuestro organismo. Nos pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo. Si algún miembro de la pareja vive mal esa diferencia pueden producirse conflictos y discusiones. Todo dependerá de la comprensión, la madurez emocional y la capacidad de establecer pactos y manejar las diferencias de forma constructiva. Una opción es comprobar si cambiar la alimentación, hacer deporte y tener hábitos saludables mejora la dificultad, se trata de ajustar un encuentro entre ambos o respetar las diferencias. Han de buscarse acuerdos donde los dos ganen. Cuando no es posible, la aceptación de la realidad valorando en panorámica cuánto nos afecta ese aspecto, qué supone, y hacer un balance dialogando con la pareja, es el camino del respeto para tomar decisiones consensuadamente”, concluye Marián Ponte.

Como en otros ámbitos de la vida en pareja, se trata de llegar a un punto medio. Una vez establecida una temperatura entre las máximas y mínimas que quiere cada uno, se pueden llevar a cabo otras alternativas: dormir con pijama o sin él según se tenga más o menos frío, una sábana doble en un lado, elegir la zona de la habitación más fría o caliente según los gustos…

 

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