Veo, veo ¿Belleza?

Veo, veo ¿Belleza?

 

Hace unas semanas, trasteando por la red, me topé con un artículo de elle.es que hablaba sobre los cortes bob de la temporada y las famosas que lo llevaban, o algo similar. Me llamó la atención ver a quién a mí me pareció Amaia Salamanca morena y pensé, “no me gusta esta chica con ese pelo“, aunque luego me fijé más y dudé: “¿o es Maggie Civantos?” La verdad es que no terminaba de identificar a ninguna de las dos y la duda me llevó a pinchar en el enlace y buscar a la protagonista de mis inquietudes.

Resultó ser Jaimie Alexander que, no sé si debería confesarlo, no tenía ni idea de quién era. Por supuesto la busqué en google, para descubrir que apenas me sonaba alguno de sus papeles, supongo que mi interés cinematográfico no va por esos derroteros.

En fin, que no era eso lo que me mueve a escribir estas líneas. Mi zozobra se desencadenó en mi confusión inicial: ¿Amaia Salamanca morena, Maggie Civantos? ¿Es mi imaginación o se parecen las tres? Ambas cosas me inquietan, bueno más bien la segunda, porque la primera -que deliro, la vista me gasta malas pasadas o no tengo ni idea de fisonomía me preocupa menos-; ¿Cómo es posible tres rostros tan parecidos en personas que, salvo por su labor interpretativa, no tienen nada que ver -o eso creo, la verdad es que no he investigado mucho, a lo mejor son primas hermanas y yo ni me he enterado, pero es que ya no tenía ganas de seguir googleando, estoy mayor para este tipo de navegación continua-?

Me preocupa más, o me inquieta, o me causa zozobra, pensar que nos estamos convirtiendo en un ejército de autómatas, casi sin querer, o queriendo sin saber qué, imitando peinados, maquillajes, tratamientos estéticos (no digo cirugías porque creo -Dios! digo creo y me dedico a esto!- que son demasiado jóvenes las tres para pasar por ello), vamos a ser tod@s iguales.

Qué miedo me da, queremos ser únicos y destacar en algo, lo que sea, que se nos reconozca como alguien especial y no nos va a conocer ni la madre que nos …de tan reconocibles que somos, todos iguales, clones de la imagen perfecta.

Con las cirugías lo estamos viendo constantemente, caras cortadas (nunca mejor dicho, y cosidas, jajajaja) por el mismo patrón, aunque bien es cierto que ahora ya parece, por lo menos a este lado del Océano, que el trabajo es más a la carta y se busca más la personalidad de cada paciente a la hora de operar (esto lo digo un poco por dedicarme a lo que me dedico, que si no los cirujanos me van a odiar; es broma, lo cierto es que hoy en día, en España al menos, se trabaja estudiando mucho la fisonomía de cada paciente). ¿Pero es posible un parecido razonable inconsciente? Por la ropa, los gestos, el peinado, el maquillaje…

Una vuelta de tuerca

Más miedo me da pensar, y aquí ya estoy desvariando sin red, los nuevos avances científicos en cuanto a fecundación. ¿Cuántos óvulos puede donar una misma persona? ¿A cuántas personas puede llegar? ¿Y hasta qué lugares? Por supuesto no creo que sea el caso de estas tres, aunque jóvenes, no tanto para formar parte de esa vorágine in vitro tan actual. Pero sí me ha dado cierto miedo a veces pensar que en un futuro más bien cercano alguien se puede enamorar de su hermano sin saber nunca que lo es. Quizá no puedan tener hijos por la vía clásica y reciban donaciones de la misma persona que donó los óvulos de los que nacieron o , suponiendo que estos ya se hayan extinguido, de una hermana que a su vez haya donado o…

En fin, creo que la bajada de las temperaturas me ha trastocado las neuronas y seguramente deliro y ni se parecen estas chicas tanto como a mí me dio la sensación, ni somos tan ‘copiotas’ ni faltos de personalidad como para convertirnos en imágenes similares de otros, ni las donaciones de óvulos y semen están tan faltas de control como para no saber que el día de mañana dos parejas diferentes tendrán óvulos procedentes de la misma madre y sus hijos se encuentren y fecunden por el modo tradicional (¿O también estará ya pasado de moda ese acto tan animal?) y tengan hijos y sobrinos a la vez, con taras como las de nuestros antiguos reyes.

¡Feliz delirio, bellezas!

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