Acné, cómo tratarlo y hablar sobre el tema

Acné, cómo tratarlo y hablar sobre el tema

 

El acné, típico de la adolescencia, va más allá de un grano impertinente. Es un problema que afecta mucho a la autoestima de quien lo padece, especialmente si tenemos en cuenta la etapa de la vida en la que se produce, un momento de cambios hormonales, emocionales, sociales… Estamos hablando del paso de la infancia al mundo de los adultos, un paso nada fácil y, sobre todo, escasamente entendible por los de alrededor, aunque todos hayamos pasado por esa fase. Por eso me parece muy buena idea, el curso ‘Habilidades de comunicación, clave para la adherencia del adolescente con acné’ que de la mano de Pierre Fabre Dermatologie se imparte para ayudar a los dermatólogos a ‘ponerse en la piel’ del paciente adolescente desde un punto de vista multifactorial: psicológico, ginecológico y su relación con la autoestima además del puramente dermatológico.

 

Técnicas de comunicación

Sí, es buena idea saber que si llevamos a nuestro hijo a un experto por un problema de acné, no solo le van a dar el mejor tratamiento sino que además lo va a seguir porque el médico ha encontrado la forma de comunicarse con él (cosa que a veces a los padres nos cuesta). En opinión del dermatólogo Raúl de Lucas, del Hospital Universitario La Paz de Madrid, autor del curso, es muy importante “comunicarse de manera más eficaz en la consulta con el adolescente con acné, con el objetivo de mejorar la adherencia terapéutica y empoderarlo en el cuidado de su salud”.

El psiquiatra Jesús de la Gándara, del Hospital Universitario de Burgos y autor del libro “El Síndrome del espejo”, asegura que el desarrollo y funcionamiento del cerebro en la adolescencia, cuando cerebro y cuerpo cambian a toda velocidad, las neuronas cambian, perdiéndose hasta un 30% de ellas, es un momento crucial. Si además aparecen problemas de salud que afectan a la estética, a la personalidad, a la afectividad o las relaciones, la encrucijada se convierte en un precipicio lleno de grietas peligrosas.

Este momento de sus vidas, entre los 15-25 años, es muy delicado; la dopamina, neurotransmisor del bienestar, baja sus niveles estrepitosamente al abandonar la infancia, y el placer desciende en un 30%. Por eso este grupo de edad necesita una estimulación continua. Esto tiene dos vertientes, una positiva, el cerebro se está preparando para el resto de su vida, y otra negativa, las conductas son inadecuadas. Por eso los adolescentes se comportan a veces de esa manera tan arriesgada.

El cerebro va madurando, pero mientras tanto pierde la comunicación interhemisférica, apareciendo un rasgo psicológico que es la alexitimia, incapacidad para expresar emocionalmente lo que sienten en palabras. Nosotros intentamos comunicarnos con ellos con un lenguaje lleno de palabras y ellos no entienden nada. Los adolescentes no hablan, actúan. Su cuerpo cambia y no comprenden lo que les está pasando. Se ven fatal. Y es muy difícil comunicarse con ellos. Tenemos que ponernos en su piel.

 

Ese gran desconocido

La psicóloga Sandra Ros, del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona, experta en psicodermatología, señala la importancia de conseguir una buena relación médico-paciente, para que este puede convertirse en aliado, aceptando el tratamiento, entendiendo los efectos adversos y conociendo los excelentes resultados de los tratamientos cuando se cumplen. “Tenemos que hacer una entrevista motivacional, transmitirle que es capaz de ponerle solución a su problema, preguntarle cómo le gustaría verse y buscar el tratamiento que mejor se adapte a su estilo de vida. No se trata de hacer psicoterapia sino de preguntas abiertas para ir recogiendo información y que él se sienta parte del tratamiento”.

Un problema hormonal

La ginecóloga María de la Calle, del Hospital Universitario La Paz de Madrid parte de la base de que la gran mayoría de casos el acné es un problema hormonal. Se dan muchos casos de acné en niñas, como manifestación de una pubertad precoz y casos de adolescentes que presentan síndrome de ovario poliquístico, lo que conlleva a un aumento del vello facial o hirsutismo, incrementando los potenciales complejos en la joven adolescente con acné. De ahí la importancia del examen ginecológico temprano y de la interacción dermatólogo-ginecólogo en el manejo y seguimiento de estos casos clínicos. “Tener un ginecólogo cerca que entienda bien a estas mujeres va a facilitar y satisfacer el trabajo de los dermatólogos”.

Y es que el acné es un problema que hay que tratar con mucha seriedad, ocho de cada diez adolescentes lo padecen, y más del 40% de ellos necesitan tratamiento dermatológico. La buena noticia es que tiene solución, pero para ello hay que seguir un camino a veces largo; cuanto antes se trate menos trastornos de autoestima causará en quienes lo sufren, y menos secuelas quedarán en la piel, de ahí la importancia de ponerse en manos de un buen profesional que facilite todo el proceso.

Deja tu comentario

Da una calificación