A peseta, a peseta!

A peseta, a peseta!

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A peseta, a peseta!

¿Qué vende?
Nada pero, a que es barato?

 

Es un chiste muy viejo que contaba mi padre. Viene a colación de lo que quiero hablaros hoy, algo de lo que muchas veces os quejáis: los altos precios de algunas de las cosas que recomiendo.

No es que éste sea un blog de alta gama exactamente, de hecho a veces hablamos en Low Cost, pero lo cierto es que los locales baratos y los productos de ‘todo a 100’ no necesitan demasiada prensa, el boca a boca (aunque se supone más correcto, no me gusta esa expresión que se ha puesto últimamente de moda ‘de boca a oreja’ como también odio esa costumbre de algunas emisoras de radio de denominar ‘escuchantes’ a los que toda la vida hemos sido ‘oyentes’) es su mejor carta de presentación. Por eso no creo necesario hablar de ellos a diario en estas páginas.

Por eso, y porque, sinceramente, en Ca’Venancio nos atienden bien, nos dan lo que necesitamos para el día a día, lo que podemos pagar y se ajusta a nuestro presupuesto, pero no nos dan, salvo honrosas excepciones, lo que yo entiendo por calidad; no nos tratan como merecemos, suelen hacerlo con confianza, sí, pero a veces demasiada; no nos hacen sentir que la vida es bella, que hoy es mejor que ayer y peor que mañana… Simplemente nos atienden y nos dan lo que hemos ido a buscar: agua, pan, tinte, esmaltado de uñas… Justo lo que queremos, por supuesto. Por eso vamos, porque ya sabemos lo que hay, no buscamos mas. Pero eso ya lo conocemos.

A mi me gusta traeros a estas páginas esos lugares a los que a lo mejor no podemos ir todos los días, quizá ni una vez al mes, pero es posible que sí una vez al año, o un día especial, o tenerlo en mente para un regalo, o simplemente para saber que existen y usarlo como referencia para cuando vayamos al local de la esquina a hacernos las manos, por ejemplo, y poder decir «pues he leído que hay unos esmaltes que duran hasta 7 días«, o una cera que huele a rosas, o un tinte que rejuvenece el cabello… Un millón de cosas que, aunque no nos podamos permitir, nos gusta saber que existen. Como cuando vemos una revista de decoración con salones de algunos metros más que nuestra casa entera. No podemos imitar sus estilismos, pero sí coger ideas y, quien sabe, a lo mejor un día, cuando los niños se hagan grandes, el perro no esté y no necesite despacho, pueda hacer una cocina con office, cuarto de plancha y tendedero independiente. Aunque probablemente no llegue el día, antes vendrán los nietos, y además no necesito cuarto de plancha pero… Me gusta tenerlo como opción.

a peseta

Volviendo a lo nuestro, la belleza, no nos engañemos, muchas veces la diferencia de lo que pagamos en un sitio y otro no se corresponde con el trato, profesionalidad y calidad de producto empleados. A veces por 5 € mas conseguimos resultados 50 veces mejores. Porque es posible calidad a buen precio, por eso he comentado mas arriba ‘salvo honrosas excepciones’. Pero no siempre.

Hace unos días oía en la radio que cerezas del Jerte (en breve empieza la temporada) por 2 € es imposible encontrar. Cerezas sí, pero no del Jerte. Buenas también, pero no del Jerte, que parece ser (no aseguro porque no soy experta), de lo mejorcito del mercado. Y eso querid@s pasa con todo. Y siendo conscientes de ello, tenemos que saber que todo tiene su precio y valor. Y aunque no todo vale lo que cuesta, yo me esfuerzo en enseñaros sitios, técnicas, productos, tratamientos que cuesten lo que valen. ¿Caros? Quizá sea la única opción. ¿Baratos? Si os los recomiendo será que merece la pena.

Pero lo que evito es hablaros de lugares donde, por ejemplo, cuando te retrasas 5 min te dicen: «¡vaya unas horas, tendrás que esperar o volver otro día porque ya ha pasado la siguiente!», por aquellos que en el mismo caso te sugieren: «acaba de pasar un paciente, tendrá que esperar un poquito ¿le apetece un café?» O quienes te dicen «que pelo más enredado, voy a tener que darle tirones»,  por aquellos que con una sonrisa se disculpan: «perdona, si te tiro me lo dices».

Y eso sirve para todo. Esmaltes hay muchos, pero unos se quedan marcados para siempre, mientras otros nutren las uñas y la mayoría no estropean la cutícula. Hay champús que cargan el pelo de siliconas, otros limpian sin agredir y los hay que además cuidan la fibra. Tintes que te destrozan el pelo, coloraciones que no dañan y consiguen un tono luminoso y productos que dan color, hidratan y fortalecen. O depilación láser más barata que requiere muchas más sesiones (lo que a la larga es más caro) o con equipos y personal médico que consigue resultados más duraderos con menos sesiones… Y así podía seguir hasta el infinito.

Como dicen los sabios, en el punto medio está la virtud. Y es verdad, pero a veces no tenemos más remedio que ir a lo ‘barato barato’ y otras, las menos, optamos por la versión high. Yo desde aquí sólo os voy a recomendar lo que para mí es lo mejor. A veces low cost, la mayoría la mejor relación calidad-precio y siempre que pueda, alta gama porque a nadie le amarga un dulce y es una buena opción para tener en cuenta para un día especial, para un regalo, para un capricho pero, sobre todo, para no caer en la ignorancia cosmética de ‘todas las cremas son iguales’ porque, aunque algunas no justifiquen sus precios, la mayoría de las veces detrás hay investigación, ingredientes únicos, novedosos métodos de conservación…

Nada es caro ni barato, todo depende de lo que estés dispuesto a pagar y de tus prioridades. Cuántas veces he oído eso de ‘es que yo no me puedo permitir el lujo de darme un masaje’, a alguien que lleva un móvil valorado en 10 masajes. O ‘yo no tengo dinero para ir a un balneario’ y van a comprar el pan en un coche ‘5 estrellas’. Y es que el precio lo ponemos cada uno a lo que nos interesa. Para mí, la belleza ni se compra ni se vende, se siente, se disfruta y conociendo todo lo que la industria nos ofrece, la alimentación que nos beneficia, el estilo de vida que nos conviene, el ejercicio que mejor se adapta a nosotros, etc., conseguiremos no dejarnos engañar por el charlatán que nos vende «pócimas crecepelo A peseta, a peseta!»

2 Comentarios

  1. Me ha encantado este post. ¡Qué razón tienes!

    • Muchas gracias, Laura. Un saludo.

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